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Miradas eternas


A veces te siento tan cerca,
que no sé,
cómo hacemos para seguir tan lejos,
con los bolsillos tan llenos de olvidos.

Cada uno de tus renglones es aliento,
abrazo pospuesto.

Recitémonos siempre...
voces de espera de sueños.

desplegables.

Sin noticias de Dios, tuyas siempre.

 Dedicado a quien siempre está en un olvido o en un recuerdo.

"Marca libros imposible"
Publicado en proseticadialogos el Viernes 15 de febrero 2013
Con el titulo”Sin noticias de Dios y tuyas tampoco”
Autor: Ramón Arbe
Sin noticias de Dios, tuyas siempre...
Con tiempo, en poco espacio, como si fuese a una carta que esperaba en mi buzón, sin dirección postal, te escribo.
En las orillas del tiempo, cuatro labios fueron milímetros en un papel, declamando versos lunáticos entre mareas lejanas.
La esperada soledad robada al sueño, encontró alguien más allá de sus rejas de cuatro letras, voló mucho más de diez veces.
Hay palabras que se despeñan, como si viniesen flotando y eligiesen una tumba, hay otras que aterrizan y se lo piensan.
Clamor si pero no de compañía, sino de voz que lee en voz alta por dentro, que recita, en pie, sin vergüenza... Palabras de otros
Leer, pensar y callar, me vale casi como un nuevo abrazo, siempre hay que esperar que el eco no conteste, o que se diga lo que quiera.
Teclas, confunden mis dedos con notas, paisajes de épocas, de coros recitando algo más que unos poemas olvidados.
Fantasmas y sombras vivas que buscan su alma, se miran a los ojos todos los días en un espejo de olvidos y recuerdos.
Me quejo de mí, de los ratos que me dedico, cuando podía estar amando a quien me deja amarme. En soledad.
Confusa carta para buscar una respuesta con dirección y remite en un buzón de correos, desde tan lejos.
Sin embargo espero que escribir a veces a una mosca, y que me responda un pájaro bello, sea matasellos.
Soy de respuestas, más que de preguntas, espero que no te arrepientas de haberme escrito una carta.
La soledad es necesaria, para enfrentarse a los espacios todavía en blanco, de aquella hoja que vamos emborronando hace milenios.

Con mis brazos abiertos, te espero mañana, igual que hoy y ayer, entre mareas, inundado por la que ilumina todos mis cielos de última noche.

Retazos de ventanas que miran al cielo.

Bandah

En los inviernos desolados de acentos, los tiempos transcurren baldíos, mueren las piedras sin saberse sentidas.
Se apodera de ellas, un mar con grandes sombras, abrazando susurros de siluetas, reflejos que no llegaran a olvidos.
Cabalgando un rayo verde, todo inmóvil salvo los precipicios de un recuerdo, cae el cielo, arrancando los ojos de los mirantes.
La proa que apunta siempre al siento, corrige penas de derivas y derrotas.
Los carpinteros cojos de a bordo, firman cubiertas de cuero antiguo, para evitar naufragios.
Las orillas que se otean desde el infinito, dan nombres, todos cambiantes, a quien llevado por cualquier viento, con la memoria perdida, solo ante sus súbditos, vara su barco, para contemplar cómo pasa el firmamento.
Las crónicas de esta ciudad, hablaron de lunas sin retorno, de algo que una vez estuvo más allá, de donde están todos los mapas, allá a donde solo se llega, desplegando letras que parecen velas de goletas.
Letras que describieron cunas de alientos, ecos sordos de nubes de polvo de estrellas, grandes hogueras de lo que no se quema, hielo allá donde hierve el agua.
Gargantas que gritan: ¡¡Te seguiré en cualquier estación de tu territorio, si lo deseas!!
Hay tantos caminos ciegos de voces equivocadas, que aquellos abarrotados, llenos de horas generosas, son tan inaccesibles para pocos tiempos robados, que las notas del día siguiente nunca los recuerdan, se olvidan sin estudio por cualquier lado.
Nunca hay razones para un hermanamiento, salvo quizá, que alguien sea capaz de contemplarlo y contarlo.
Esa letra encarcelada dentro de un Tempo, que engarza barcos varados con su aguja para quien quiera contemplar cabriolas de estrellas cosidas a pestañas de ojos prestados…, nos brinda la posibilidad de habitar la única ciudad cambiante, que da refugio a todas las gentes que alguna vez, perdieron alguno de sus sentidos…
Podemos perdernos entre cientos de cuchicheos y comentarios, engañarnos con personajes que vienen y van en relatos, pero a los anales de la historia pasaran las crónicas de quien empuña la idea y se atreve a reflejarla.
El resto somos espectadores con el deber de hermanarnos como podamos con el mundo que se nos pinta, fascinados, aún a riesgo de estar ciegos a otros caminos abarrotados de tiempos regalados.

Retazos de habitantes de la Ciudad del Perpetuo Retroceso, donde las flores marchitas florecen incluso antes de nacer...
...de un brumoso país lejano....

Fotografia APOD: Earth at Nigth