¿Para quíen quiera leerlo?

Siempre he querido escribir un diario,
pero cuando me he puesto a ello,
no he sabido nunca por donde empezar.
No sabía si contar mi pasado, mi presente o mi futuro.
No sabía quien lo iba a leer.
No sabía como escribir para mí.
Me ponía delante de las hojas en blanco,
Y me parecía que nunca conseguiría tener suficientes letras,
como para conjugar mis recuerdos, mis necesidades y mis deseos.
¿Cómo ordenarlos?
¿En hojas, en letras…?
¿Cómo desvirgar el blanco de una hoja de papel?
He llegado a escribir en un recibo de un banco.
Lo primero que fui consciente,
que alguien leía de mis escritos,
fue “Zumo hecho, Cafetera preparada”
No necesitaba más papel que el que tenía a mi alcance.
Lo peor era cuando tenía papel y no encontraba un boli o un lápiz.
Empecé a comprar cuadernos.
Y empecé a escribir sin plantearme para quien escribía, tan solo escribir.
Ni siquiera escribía para mí, no me leía.
Pero me atreví a manchar el papel con mis letras.
Con muchas más letras.
Acumulé escritos, tengo una carpeta llena, un cajón de cuadernos y un montón de papeles diversos, llenos de tachones, que pierdo por cualquier sitio y que solo leo, de vez en cuando.
Definitivamente decidí, que nunca iba a escribir un diario,
no me iba a someter a la tiranía de escribir todos los días,
de escribir siempre...
Pensando en mis recuerdos, en mis necesidades o en mis deseos.
De escribir pensando, en quien los leería.
Decidí escribir solo mis sueños, en cualquier sitio.

El papel y las letras, se aliaron conmigo.
Desde entonces, entre todos, escribimos algo más que palabras.
Para quien quiera leerlo, desordenadamente.

Esto es para ti.

Que fácil es el recuerdo, del llanto en soledad.
Que fácil es compartir la risa.

Que difícil es compartir el llanto.
Que difícil es la risa en soledad.


Tengo la suerte de compartir,
el llanto y la risa.

Incluso en mi más profunda y brillante soledad.

Tengo la suerte de vivir.
Tengo la suerte de escribir.

Tengo la suerte de tener algo, por lo que escribir.

Mi suerte eres Tú, que soy Yo.
Hasta ahora, para siempre…Conmigo

No sabes como te quiero…
Eres mi risa, mi llanto,
todo lo que escribo, todo lo que comparto.

No sabes cuanto te quiero, hasta en mi soledad.

Esto es solo para ti.
Para siempre.

Ramón

Cumpleaños

La cena se enfriaba en la mesa
Los zapatos y la corbata me apretaban, o quizá era la ansiedad de la espera.
La luz de las velas oscilaba sobre el mantel estampado, de las grandes ocasiones.
Un año más, te había preparado una cena sorpresa, para celebrar tu cumpleaños.
Un año más te esperaba, con la chimenea encendida y el gramófono girando.
Un año más, te estaba esperando.
No me importaba esperarte todos los años.
No me importaba que decidieses dejar de cumplir años.
Yo lo seguía celebrando, como todos los años.

Las Palabras, sin Pensar, nos Permiten escribir

Dejemos Fluir a las Palabras




Si dejamos fluir a Las Palabras como el agua de un río...
solo fluir, sin pensar en su recorrido...
Sin pensar en los obstáculos que les pueden impedir fluir...
Sin pensar en meandros, en bajíos, en cascadas, en presas...
Sin pensar en su fin...sin pensar en el Mar.
Si las dejamos fluir, las Palabras cobran todo su significado.
Nos permiten escribir... de la vida, del amor...
Nos permiten escribir, del presente, del pasado y del futuro.
Nos permiten escribir, casi de cualquier cosa.
Nos permiten escribir incluso a veces de ti, incluso a veces de mi.
Nos permiten fluir, en la felicidad de escribir...Si dejamos fluir a las palabras...Si las dejamos fluir libres.
Las Palabras nos permitirán fluir, hacia nuestro propio Mar.