Angeles



Salió con una perla en la mano,
tosiendo agua salada,
llenó sus pulmones de orgullo,
y de nuevos sueños.

El fondo del mar,
esta a dos brazadas de la esperanza.

Él sonreía ingenuo,
siempre fue de tierra.

¿¿Dios o Yo??



Y no soy yo,
todavía,
nunca soy yo,
gracias a ese Dios roba almas,
encarcelador de sueños,
ajeno al paso el tiempo,
que reniega de su origen...



Como si la nada no existiese,
como si el caos fuese obra suya,
como si el desorden que me domina,
no fuese de mi propia elección.



Todavía, nunca seré un solo yo,
nací genéticamente yodesordenado,
para no perderme ninguna luna.



Mañana, doblegado quien sabe...

Preguntas al espejo: ¿Cuando dejé de ser yo?




Capítulo I: Traiciones

Carta 1ª:  Infancia

¿Cuando me dediqué mi primera traición?

Que difícil responder, sin cerrar los ojos...

Quizá fue en aquella mi primera infancia, cuando no conseguí que mi madre entendiera, porque no quería ir al colegio. La explicación era tan sencilla, que parecería una excusa increíble, “no conseguía alinear bien los puntitos en el cuaderno de caligrafía de 1º de EGB”. No se permitían ni formas geométricas, ni dibujos, solo repetir y repetir.

El acertado Diagnostico: “Es un niño encantador pero “VAGO””, de aquel maravilloso colegio de infancia, era aplastante y aunque fue el causante de un reguero incontable de vómitos en desayunos de uniforme, su forma expeditiva pero eficaz de ponerle final, lo corroboro en poco tiempo.

"Aquella palabra me ha acompañado siempre"

Comprendí pronto que determinadas cosas son tan difíciles de explicar que es mejor callarlas.

Probablemente aquella fuese mi primera traición, y sin yo todavía saberlo, el origen de todas las demás, que me he regalado en el tiempo.

Aprendí muy pronto que rendirme significaba perder parte de mi mismo y aun así me he rendido muchas veces.

Próxima Traición: ¿Soledad o Esperanza?

El cielo es un reflejo de miradas cercanas.


En los cielos al principio no se veía nada,
tan solo el reflejo de tus ojos,
de cerca y de lejos,
de noche y de día.


[Quizá mi oficio ya extinguido, sea regalador de sueños, siempre cercanos.]