El cielo


En el cielo al principio no se veía nada, ni estrellas, ni aviones, ni luna, ni sol.
El cielo era negro de día y de noche.
Pero negro, negro.
Tan negro como la tinta de un txipiròn, tan negro como una sombra, tan negro como… Yo que sé…

Pero un día de repente, el estallido de un impulso retenido pero irrefrenable, llenó el cielo de juegos de luces y se despertaron los colores.

Fue hace tanto, tanto tiempo, que ya nadie recuerda si fue un lunes o un viernes, pero ese día a la noche el cielo estaba lleno de estrellas recién nacidas.

A cada una de las estrellas le gusto una parte del cielo, se despidieron y emprendieron su propio camino.

Algunas se juntaron para dibujar una osa, o un león, otras se fueron tan lejos que ya no las vemos.

Hubo una que se empeño en viajar muy lejos, en mantener su rumbo entre corrientes de nebulosas para dar luz donde no la había, llegó a su destino y se dedico a crear a su alrededor anillos de arcoíris.

Había tantos anillos de colores y daban vueltas tan rápido, que de algunos fueron cayéndose los planetas, de otros cayeron cometas, de uno se cayó la Tierra, nuestra tierra y de otro la Luna.

La luna y la tierra se cruzaban cada vez más cerca, una y otra vez en sus vertiginosas vueltas, hasta que chocaron y la Luna nos quiso tanto, que decidió quedarse para ser gago de mandarina, sonrisa de gato invisible, barco de nubes de algodón de azúcar.

En el cielo si miras bien, se ven todos los sueños, desde el principio.

Tan solo hay que cerrar los ojos.

Hasta mañana.

2 comentarios:

  1. No recuerdo de qué cielo negro me he desprendido. No digo que vaya a ser estrella rutilante pero ansío mi impulso irrefrenable, aquel que haga explotar el gas condensado, para que mi voz vuelva a dibujarse en tinta.
    Seguro que tú y yo, estrellas ambos, podríamos coincidir en alguna rotación perdida y crearnos nuestro propio sistema rutilante. No lo descartes. He visto ese sueño en mi cielo.

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  2. No sé donde nació un tu y yo, ni porque, pero si sé, que has aterrizado en mi planeta, hemos compartido un mirar de estrellas en el mismo cielo, desde orion hasta neptuno.

    Aferrados a las mismas raíces hemos cabalgado a la grupo de una coma, buceado entre pescadoras de perlas japonesas, hemos intercambiado felicidad y dolor profundo, hemos sido copos de nieve...

    Somos un estallido retenido,
    somos si queremos serlo,
    ese impulso irrefrenable,
    guardián de la rotación de un reloj de arena.

    Está en nuestras manos.

    Yo me conformo con soñar, que me lees y me escribes de vez en cuando.

    En el cielo, si miras bien se ven todos los sueños.

    Tan solo hay que cerrar los ojos,

    Hasta mañana.

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